El acoso también tiene público: 10 formas de no mirar hacia otro lado

El acoso escolar no siempre comienza con una agresión física, a veces aparece en forma de un apodo que humilla, una burla que se repite, un grupo que excluye o un mensaje que se comparte para hacer daño.

Y, aunque a menudo centramos la atención en quien agrede y en quien sufre el acoso, hay una tercera parte que también puede influir en lo que ocurre: las personas que lo presencian.

Quienes observan una situación de acoso pueden contribuir a que continúe, permanecer al margen o ayudar a frenarla. Esto no significa que sean responsables de la violencia ni que deban enfrentarse directamente a quien agrede. el miedo, la inseguridad o no saber cómo actuar también pueden estar presentes.

Sin embargo, hay algo que conviene recordar: no hace falta ser quien más grita para marcar la diferencia.

¿Cuándo una broma deja de ser una broma?

No todo conflicto entre estudiantes es acoso escolar, el acoso suele implicar comportamientos agresivos no deseados que se repiten, o que tienen posibilidades de repetirse, y una situación de desequilibrio de poder que dificulta que la persona afectada pueda defenderse.

Puede manifestarse de muchas formas: mediante insultos, amenazas, agresiones físicas, exclusión social, difusión de rumores o humillaciones en internet.

En ocasiones, estas conductas se dirigen contra una persona por su aspecto físico, discapacidad, origen, orientación sexual, identidad o expresión de género, entre otras características.

La diferencia nunca debería ser motivo de violencia. Y lo que para algunas personas puede parecer una broma, para quien la recibe puede convertirse en una experiencia de miedo, aislamiento y sufrimiento.

El papel de quienes presencian el acoso

Cuando una situación de acoso ocurre delante de otras personas, sus reacciones pueden influir en lo que sucede.

Reírse, compartir una publicación humillante o sumarse a una burla puede reforzar la conducta de quien agrede. Por el contrario, mostrar apoyo a la persona afectada, no participar en la humillación o comunicar lo ocurrido a una persona adulta de confianza puede ayudar a interrumpir esa dinámica.

No siempre es posible intervenir directamente. Y no hacerlo en ese momento no significa que no nos importe.

Lo importante es entender que existen distintas formas de ayudar y que pedir apoyo también es una manera de actuar.

10 formas de no mirar hacia otro lado

Si eres estudiante y presencias una situación de acoso, estas son algunas acciones que puedes poner en práctica para contribuir a que tu centro educativo sea un espacio más seguro.

1. No te rías

Aunque parezca una broma, tu risa puede hacer que alguien se sienta todavía más humillado. No participar también es una forma de mostrar desacuerdo.

2. No te sumes

No insultes, no excluyas y no participes en las burlas. No tienes que seguir al grupo para formar parte de él.

3. No difundas el daño

No compartas vídeos, fotografías, mensajes o rumores que humillen a otra persona. Antes de enviar algo, piensa en las consecuencias que puede tener.

4. Acompaña a quien lo está pasando mal

Un «¿estás bien?», un «¿quieres que me quede contigo?» o un «no estás solo, no estás sola» puede ayudar a que esa persona se sienta escuchada y acompañada.

5. No tienes que enfrentarte a quien agrede

Si intervenir directamente puede ponerte en peligro, no lo hagas. Puedes buscar ayuda, acompañar a la persona afectada o comunicar lo ocurrido a alguien que pueda intervenir.

6. Pide ayuda a una persona adulta de confianza

Un profesor o profesora, una persona del equipo de orientación, un familiar u otra persona adulta de confianza puede ayudarte a gestionar la situación. Contar lo que ocurre no es una traición.

7. No minimices lo que está pasando

Si alguien te cuenta que sufre acoso, escúchale y tómale en serio. Evita frases como «no es para tanto», «son cosas del colegio» o «tienes que aprender a defenderte».

8. Respeta las diferencias

Nadie merece ser acosado por su aspecto, discapacidad, origen, orientación sexual, identidad o expresión de género. El respeto no debería depender de cuánto se parezca alguien a ti.

9. Si ocurre en internet, actúa también

No compartas el contenido, evita interactuar para darle más difusión y utiliza las herramientas de denuncia de la plataforma. Si es seguro, conserva las pruebas y pide ayuda a una persona adulta.

10. Recuerda que pedir ayuda no es chivarse

Es cuidar de alguien, contribuir a frenar la violencia y ayudar a que una situación que hace daño no continúe.

Construir espacios seguros es una responsabilidad compartida

El acoso escolar no es un problema que deba resolver únicamente quien lo sufre. La prevención requiere la implicación de toda la comunidad educativa: estudiantes, familias, profesorado, equipos de orientación y centros educativos.

Quienes presencian el acoso pueden ser parte de la solución, pero no deben cargar con toda la responsabilidad. Las personas adultas y los centros educativos tienen un papel fundamental a la hora de detectar, intervenir y garantizar la protección del alumnado.

Desde Diversas defendemos que ningún niño, niña o adolescente debería tener que esconder quién es para sentirse a salvo en su centro educativo.

La orientación sexual, la identidad o expresión de género, el aspecto físico, la discapacidad o cualquier otra característica personal no pueden convertirse en motivos para humillar, excluir o violentar.

La escuela debería ser un lugar para aprender, compartir y crecer, no un lugar donde aprender a tener miedo.

No tienes que hacerlo todo. Pero puedes hacer algo. Y ese algo puede cambiarlo todo.

Con motivo del Día Internacional contra la Violencia y el Acoso Escolar, incluido el Ciberacoso, recordamos la importancia de construir entornos educativos seguros, inclusivos y libres de violencia.

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