El VIH no tiene fronteras, el estigma sí

Hablar de migración y VIH suele estar cargado de prejuicios que refuerzan la discriminación y el estigma. Por eso es importante detenernos a cuestionar los mitos más comunes y mirar la realidad con empatía y datos.

«Las personas migrantes traen el VIH».
El VIH no tiene nacionalidad. Las personas migrantes no representan un riesgo mayor que cualquier otra población. Lo que sí ocurre es que enfrentan más barreras de acceso a la salud.

«Vivir con VIH significa no poder migrar».
Muchas personas con VIH llevan una vida plena, trabajan, estudian y se desplazan como cualquier otra. El estigma no debe ser una frontera.

«Las personas migrantes con VIH son irresponsables o no se cuidan».
Falso. Muchas personas migrantes con VIH enfrentan obstáculos estructurales como falta de acceso a servicios médicos, barreras idiomáticas o miedo a la deportación, pero eso no tiene nada que ver con responsabilidad personal.

«El VIH se transmite fácilmente en la convivencia diaria».
El VIH no se transmite al dar la mano, compartir alimentos, trabajar o vivir con alguien. Este mito alimenta la discriminación en espacios laborales y comunitarios.

El VIH no define a una persona ni la migración la convierte en un riesgo. Lo que sí debemos cuestionar son los prejuicios, la xenofobia y el estigma que levantan muros invisibles. Construyamos comunidades donde la información, la empatía y los derechos humanos estén por encima de los mitos.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Otros Artículos