Hoy, en el Día Internacional de Conmemoración de las Víctimas del Holocausto, recordamos también a quienes quedaron en los márgenes de la memoria histórica: las personas LGBTIQA+ perseguidas por el régimen nazi.
Además de la violencia física, el encarcelamiento y la muerte, muchas sufrieron un profundo daño en su salud mental: humillación sistemática, torturas, aislamiento y pérdida de identidad.
La persecución no terminó con la liberación. Para muchas personas homosexuales y trans, el estigma y la criminalización continuaron durante años, impidiendo el duelo y el reconocimiento del trauma vivido.
Recordar estas historias es un acto de memoria y un compromiso con la salud mental, los derechos humanos y la dignidad de todas las personas.
Nombrar el dolor es una forma de resistir al olvido. Que la memoria nos cuide y nos haga responsables del presente.



