La transfobia va más allá del rechazo explícito: implica cuestionar la identidad de las personas trans y negarles el derecho a ser reconocidas como quienes son.
En España, distintos estudios de FELGTBI+ y Fundación Triángulo muestran que las personas trans se enfrentan a mayores niveles de desempleo, discriminación y violencia. También tienen más dificultades para acceder a servicios sanitarios adecuados.
Una de las formas más comunes de transfobia es el “deadnaming” (usar el nombre anterior de una persona) o ignorar sus pronombres. Puede parecer algo menor, pero es una forma directa de invalidar su identidad.
A nivel estructural, la transfobia se traduce en exclusión: acceso limitado al empleo, mayor vulnerabilidad social y una exposición desproporcionada a situaciones de violencia.
Reconocer la identidad de una persona no es una opinión: es una cuestión de derechos humanos.
Respetar la identidad no es opcional.



