La despatologización de las identidades trans es una cuestión fundamental para avanzar hacia una sociedad más inclusiva, respetuosa con la diversidad de género y comprometida con los derechos humanos. Aunque en los últimos años se han producido avances importantes en el ámbito científico, sanitario y legislativo, todavía persisten prejuicios, barreras y situaciones de discriminación que afectan a las personas trans.
Pero ¿qué significa realmente despatologizar las identidades trans? ¿Qué ha cambiado en las clasificaciones médicas y por qué es importante seguir hablando de ello?
¿Qué significa despatologizar las identidades trans?
Despatologizar significa dejar de considerar las identidades trans como trastornos mentales o enfermedades por sí mismas.
Ser una persona trans no constituye una enfermedad ni un problema psicológico. Las identidades trans y de género diverso forman parte de la diversidad humana y no deben entenderse como algo inherentemente patológico.
Durante décadas, las clasificaciones médicas incluyeron las identidades trans en categorías relacionadas con los trastornos mentales. Este enfoque contribuyó a reforzar la estigmatización y la idea de que las personas trans debían justificar su identidad ante profesionales sanitarios o instituciones para poder ser reconocidas y acceder a determinados servicios.
La despatologización supone un cambio de perspectiva: reconocer que la diversidad de género no es una enfermedad que deba corregirse y que todas las personas tienen derecho a vivir su identidad con dignidad y sin discriminación.
¿Qué ha cambiado en la ciencia?
Uno de los avances más relevantes se produjo en 2019, cuando la Asamblea Mundial de la Salud adoptó la undécima revisión de la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-11) de la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Esta clasificación, que entró en vigor el 1 de enero de 2022, trasladó la categoría de incongruencia de género fuera del capítulo dedicado a los trastornos mentales y del comportamiento y la incorporó al capítulo de condiciones relacionadas con la salud sexual.
Este cambio representó un avance importante en el reconocimiento de las identidades trans y en el proceso de despatologización. La OMS dejó así de clasificar la incongruencia de género como un trastorno mental, sin eliminar por ello la posibilidad de acceder a atención sanitaria cuando sea necesaria.
Es importante precisar que la CIE-11 mantiene esta categoría para contribuir a que las personas que necesiten atención relacionada con su identidad de género puedan acceder a ella. Por tanto, despatologizar no significa invisibilizar las necesidades sanitarias, sino abordarlas desde una perspectiva respetuosa con la diversidad.
Despatologizar no significa dejar de atender
La despatologización no implica renunciar a la atención sanitaria ni negar que algunas personas trans puedan necesitar acompañamiento profesional.
Las necesidades de cada persona son diferentes. Algunas pueden desear acompañamiento psicológico, tratamientos hormonales o intervenciones quirúrgicas, mientras que otras no necesitan o no desean estas opciones.
La atención sanitaria debe responder a las necesidades individuales, respetando la autonomía, el consentimiento informado y las decisiones de cada persona. La identidad de género no debe ser cuestionada ni invalidada como condición para recibir una atención adecuada.
Asimismo, el acompañamiento psicológico puede resultar beneficioso cuando una persona lo necesita, siempre que se base en el respeto a su identidad y no tenga como objetivo modificarla o imponerle una identidad determinada.
La finalidad es garantizar una atención sanitaria accesible, segura y libre de prejuicios, en la que las personas trans puedan recibir los cuidados que necesiten sin que su identidad se convierta en motivo de discriminación.
¿Por qué sigue siendo necesario hablar de despatologización?
A pesar de los avances científicos y normativos, la patologización continúa presente en determinados discursos, prácticas y actitudes sociales.
Considerar las identidades trans como algo anormal o como un problema que debe corregirse puede contribuir al estigma, la exclusión y la discriminación. Estas situaciones pueden afectar al bienestar emocional, las relaciones sociales y el acceso a derechos fundamentales.
Además, es importante tener en cuenta que el sufrimiento que algunas personas trans experimentan no se explica únicamente por su identidad. El rechazo familiar, el acoso escolar, la violencia, la discriminación laboral y las barreras en el acceso a la atención sanitaria pueden generar situaciones de especial vulnerabilidad.
Por ello, es fundamental distinguir entre la identidad de una persona y las dificultades que puede experimentar en un entorno que no siempre la reconoce o respeta.
La respuesta no debe centrarse en corregir la identidad, sino en eliminar las barreras, garantizar los apoyos necesarios y construir entornos seguros en los que todas las personas puedan desarrollarse libremente.
¿Qué papel tenemos como sociedad?
La despatologización también se construye en la vida cotidiana. No es una cuestión que corresponda exclusivamente a profesionales sanitarios o instituciones, sino que implica al conjunto de la sociedad.
Podemos contribuir a ello mediante acciones concretas:
- Respetar el nombre y los pronombres de cada persona, sin cuestionar su identidad ni exigir explicaciones innecesarias.
- Combatir los prejuicios y los discursos tránsfobos, evitando reproducir estereotipos que presenten las identidades trans como enfermedades o anomalías.
- Promover espacios seguros en los centros educativos, los lugares de trabajo, los servicios sanitarios y otros ámbitos de la vida social.
- Garantizar una atención sanitaria respetuosa, basada en la evidencia científica, la autonomía personal y el consentimiento informado.
- Escuchar y reconocer las experiencias de las personas trans, evitando hablar por ellas y favoreciendo su participación en las decisiones que les afectan.
La educación, la sensibilización y el compromiso colectivo son herramientas esenciales para avanzar hacia una sociedad en la que la diversidad de género sea reconocida y respetada.
El reconocimiento de derechos como base de la despatologización
En España, la Ley 4/2023, de 28 de febrero, para la igualdad real y efectiva de las personas trans y para la garantía de los derechos de las personas LGTBI, incorpora el principio de no patologización en el ámbito de la atención sanitaria a las personas trans, además de establecer medidas de protección y reconocimiento de derechos.
Este marco normativo constituye un avance importante, aunque su aplicación efectiva requiere recursos, formación profesional y medidas que permitan eliminar las barreras que todavía encuentran muchas personas trans.
La despatologización no se limita, por tanto, a un cambio en las clasificaciones médicas. También implica transformar las prácticas institucionales, los servicios y las actitudes sociales que pueden dificultar el reconocimiento pleno de la identidad de una persona.
Avanzar en este ámbito significa defender que ninguna persona tenga que enfrentarse al estigma o a la discriminación por ser quien es. Reconocer la diversidad de género, garantizar una atención sanitaria adecuada y promover entornos seguros son pasos esenciales para construir una sociedad más justa e inclusiva.
Fuentes de referencia
- Organización Mundial de la Salud (OMS): Incongruencia de género y salud trans.
- American Psychological Association (APA): Información sobre las personas trans y la identidad de género.
- World Professional Association for Transgender Health (WPATH): Declaraciones y recursos profesionales.
- Boletín Oficial del Estado (BOE): Ley 4/2023, de 28 de febrero.



