Farmear aura: una tendencia que el colectivo LGBTIQA* lleva décadas haciendo con otro nombre

Si últimamente has pasado un rato por TikTok, Instagram o cualquier otra red social, probablemente te hayas encontrado con una expresión que se repite cada vez más: “farmear aura”.

Pero ¿qué significa exactamente?

¿Qué es “farmear aura”?

“Farmear aura” es una expresión de la cultura digital que hace referencia a realizar acciones, gestos o comportamientos que transmiten carisma, confianza, estilo, actitud o presencia, generando admiración o reconocimiento entre otras personas.

La expresión utiliza el lenguaje de los videojuegos: igual que un personaje puede acumular experiencia o recursos, una persona puede ir “farmeando” puntos de aura cada vez que hace algo que resulta especialmente impresionante.

Y el fenómeno ha llegado incluso a generar dinámicas de competición: quién tiene más aura, quién consigue más puntos o quién realiza la acción más inesperada.

Pero… ¿no nos resulta familiar esta lógica?

El parecido con el ballroom

Si nos fijamos en algunas de las dinámicas que rodean al ballroom, encontramos más de una coincidencia.

En las balls, las personas participantes compiten en diferentes categorías en las que se ponen en juego aspectos como la presencia, el estilo, la moda, la actitud, la creatividad, la performance o determinadas habilidades de baile.

El reconocimiento también es importante. Destacar dentro de una categoría, conseguir una buena valoración o ganar una competición puede aportar prestigio y reconocimiento dentro de la comunidad.

En este sentido, podemos encontrar un paralelismo curioso con la idea actual de “farmear aura”: hacer algo que destaque, demostrar una habilidad, conseguir que las demás personas lo reconozcan y ganar estatus o prestigio dentro de un determinado contexto.

Presencia, estilo y performance

En ambos casos, la presencia tiene un papel fundamental.

En el ballroom, no se trata únicamente de hacer determinados movimientos o llevar una determinada estética. Las categorías tienen códigos propios y requieren demostrar habilidades concretas. El voguing, por ejemplo, se desarrolló dentro de las comunidades negras y latinas LGBTQ+ de la escena ballroom de Nueva York y convirtió la danza, la pose y la expresión corporal en una forma de creación artística y competición.

Algo parecido ocurre con el concepto de aura en las redes: no basta con afirmar que tienes “aura”. Hay que demostrarla.

Una entrada, una pose, una respuesta, un look, una habilidad o una acción inesperada pueden convertirse en ese momento que hace que alguien piense: “+100 de aura”.

Competir, destacar y ser reconocido

Otra de las similitudes está en la competición.

Las balls se estructuran alrededor de diferentes categorías en las que las personas participantes compiten y son valoradas por jueces y público. La cultura ballroom también desarrolló las houses, que funcionan como espacios de pertenencia, apoyo y familia elegida, además de tener una dimensión competitiva.

En las redes sociales, la competición funciona de una manera mucho más informal: quién tiene más aura, quién hace la mejor entrada, quién consigue el gesto más inesperado o quién consigue que el resto reconozca su “nivel”.

En ambos casos aparece una idea común:

la presencia puede convertirse en reconocimiento.

Pero hay algo todavía más interesante

Aunque podamos encontrar estas similitudes, las historias que hay detrás son muy diferentes.

La cultura ballroom no nació como una tendencia de internet. Las balls tienen una historia que se remonta, al menos, a finales del siglo XIX en Nueva York, y fueron convirtiéndose en importantes espacios de encuentro para comunidades LGBTQ+. Con el paso del tiempo, especialmente en Harlem, las comunidades negras y latinas desarrollaron una escena ballroom propia, creando espacios de expresión, competición, identidad y comunidad frente a una sociedad que las discriminaba.

Las houses, además, llegaron a funcionar como familias elegidas, proporcionando pertenencia, apoyo y seguridad a muchas personas LGBTQ+ que no encontraban esos espacios en otros lugares.

Por eso, comparar “farmear aura” con ballroom no significa decir que sean lo mismo. La comparación está en algunas de sus dinámicas: presencia, estilo, habilidad, competición, reconocimiento y comunidad.

Del “+100 aura” a la resistencia

Y quizá ahí esté lo más interesante de todo.

Hoy hablamos de “aura” de una manera divertida, como una especie de puntuación invisible que vamos acumulando cuando hacemos algo que impresiona.

El ballroom nos muestra que la presencia también puede ser mucho más que llamar la atención.

Puede ser una forma de expresarse, de construir identidad, de encontrar comunidad y de reivindicar un espacio propio.

Porque cuando una sociedad te dice que no encajas, poder entrar en una sala, ocupar el centro y decir “mírame” también puede convertirse en un acto de resistencia.

Así que sí: farmear aura está de moda.

Pero algunas de las dinámicas que hoy nos hacen pensar en “+1000 aura” tienen ecos de culturas que llevan décadas demostrando que la presencia, el estilo y la actitud también pueden crear comunidad, identidad y reconocimiento.

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