La homofobia no es solo un insulto en la calle. Es un sistema de rechazo que sigue condicionando la vida de muchas personas gays y lesbianas, incluso en contextos donde aparentemente existe aceptación.
En España, según datos del Ministerio del Interior, los delitos de odio por orientación sexual siguen siendo de los más frecuentes dentro de esta categoría. Y esto es solo la punta del iceberg: muchos casos no se denuncian.
La homofobia también se manifiesta en lo cotidiano: evitar darse la mano en público, ocultar una relación en el trabajo o en la familia, o escuchar constantemente que lo propio “no es normal”. Estas formas sutiles generan un desgaste constante que impacta directamente en la salud mental.
Además, informes de FELGTBI+ señalan que una parte importante de personas LGBTIQA* ha sufrido acoso o discriminación a lo largo de su vida, especialmente en etapas educativas.
Hablar de homofobia no es exagerar: es reconocer una realidad que sigue limitando libertades.
Amar no debería ser motivo de rechazo. La homofobia sí es un problema social.



